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TRISTE EFEMÉRIDE

  • 6 ago 2017
  • 1 Min. de lectura

"Honestamente me cuesta encontrar las palabras para explicar esto. Dios mío, ¿qué hemos hecho?"

Esto escribía en su diario Robert Lewis,el copiloto del Enola Gay.

El 6 de agosto de 1945, cuando Japón estaba a punto de rendirse en el marco de la Segunda Guerra Mundial, Harry Truman, presidente de Estados Unidos, daba la orden de lanzar sobre Hiroshima una bomba de uranio y tres días después, una de plutonio sobre Nagasaki.

Más de 140.000 japoneses murieron por los ataques y es incontable el número de víctimas en los años posteriores, debido a las consecuencias.

En una encuesta realizada hace dos años a la sociedad estadounidense, cuando se cumplían setenta años del horror,

más de la mitad de la población consultada sostuvo que el uso de las bombas nucleares estuvo justificado.

Y de a ratos pretendemos jactarnos de que la grieta sea patrimonio argento. Hay grietas mucho más antiguas y gestadas fuera de nuestras fronteras que han dividido a la humanidad.

Entre sometidos e hijos de puta.

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